Reforma de una planta baja, transformando una antigua tienda de ropa en un restaurante de comida japonesa para llevar.
El local diáfano se divide en dos zonas, una de atención al público y zona de espera  y otra de servicio privado de preparación de comida y cocinas. Dos grandes fotografías de interiores domésticos se ubican en la sala de espera creando un ambiente amable y acogedor, potenciado con la pintura de los muros y la iluminación del local. El espacio se abre al barrio a través de una gran puerta de vidrio que une la calle directamente con la barra y a través de ella con las cocinas, generando una fluidez espacial y visual y una sensación de espacialidad y transparencia. Por otro lado, se decide recuperar las vigas y viguetas originales del espacio, dotándolo de una autenticidad propia de los locales de la ciudad vieja y contratando justamente con el tipo de servicio y comida ofertados.