Rehabilitación integral de una antigua gorrinera en Bonchales, Teruel. La intervención consistió en vaciar el espacio de escombros, limpiar y sanear paredes y suelo, construir dos forjados hacia arriba y sustituir el tejado.  Además, se sustituyeron carpinterías y se dispusieron nuevas aberturas y persianas,  tanto en fachada como en cubierta, buscando la máxima entrada de luz natural.

Y es que el espacio que nos encontramos era muy oscuro, se trataba de un cuadrado en planta de unos 40 m2 y casi 9 m de altura, con una fachada de tan solo 3m de ancho.  Para conseguir la máxima luz se conforma un vacío central a tres alturas, pegado a la fachada,  por el que transcurre la escalera y a partir del cual se distribuyen todos los demás espacios. Cada planta es diáfana quedando distribuida a partir del hueco central en dos estancias comunicadas. Se trata por lo tanto de espacios flexibles y versátiles pues en cualquiera de ellos se podría hacer cualquier cosa. La planta baja es la más definida, en ese sentido, al estar en relación con la cocina y la entrada podría tratarse del comedor y del estar de la casa.

El hueco central es como un pozo de luz natural en el cual también se ubica una gran lámpara colgada en tres tramos que ilumina cada planta e identifica la entrada a la vivienda.

A la casa se accede a través de un pequeño jardín de entrada en el cual se ha aprovechado la valla para  construir un banco y poner muchas plantas y flores. Desde el exterior  la casa queda totalmente contextualizada con el entorno pues la fachada se ha mantenido original de piedra y las contra ventanas y la puerta son de madera de color verde siguiendo la tradición de otras viviendas vecinas.